RESIDENCIA EN CURSO


SMOOTH LOVING ROOM PER SE

Gabriela Mendizábal


OPEN STUDIO


Apertura: sábado 13 de agosto, 2022

BRINDIS DE HONOR 17h
&
JAM SESSION [SIN NOMBRE #1] 18:30-22h
{
Gabriel Macotela—Guitarra
Fernando Caridi—Bajo/Theremin/FX
Jorge Berumen—Batería
Carlos Icaza—Percusiones
Basurita Records—Sintetizador
Feike De Jong—Sax alto
Aura Luthien—Pad
Mitamine Lab—Mix tape
}



La obra de Gabriela sorprende por la contundencia y libertad de trazos, que a la vez que construye especies de situaciones místicas propias de las composiciones Blakeianas, parecieran no ser sino trazos arbitrarios, frívolos, irrespetuosos, que presumen la no-condesendencia con nada-nadie-consigo misma.
Oscilaciones incesantes, que en sus palabras se relacionan con “tangibilidad-intangibilidad”, pero que quizá en una interpretación más... arriesgada?, no serían sino reflexión plástica inmanente, experimentos y apuntes, que más que expresión, serían sólo parte de un discurrir o delirar, acerca de eso olvidado que ocurre entre el espíritu y la materia.

Gabriela Mendizábal, 1997
Egresada del St. John’s College de Santa Fe, Nuevo México, 2016-21. Gabriela cuenta con exhibiciones colectivas en México y Estados Unidos. Y de manera reciente ha sido aceptada en The New York Studio School, dentro del programa de certificación en Pintura.
























Decir la obra de Gabriela Mendizábal es decir el borde de las cosas. Lo que pinta no cabe en sus telas y papeles, se satura y encima, como palimpsesto emocional que esconde y revela —en alternancia— sus signos y tramas. El dibujo es, de por sí, una forma de escritura, contiene en sí mismo todo lo demás, como un camino que se dice y se desdice —en cuanto obra— en lo que se ira acumulando entre capas de oleo que —en tanto manchas— se tienden orgánicas como cuerpos y figuras en un tapiz líquido que no logra atraparlas, que seduce desde sus tensiones evidentes, pero también, desde sus mínimos vericuetos que se tienden, agazapados, para irse revelando a la mirada como un proceso que se niega a serlo, que surge como una inmanencia desde el trazado en carboncillo, sin nunca agotarse, y como la selva, manifestándose sin un orden, y aún, con todo tan en su lugar en ese saberse del paisaje —más allá de la idea misma de paisaje— como no lo puede estar en un jardín o un arreglo floral. La luz invade e inunda todo, lo desborda, se manifiesta en el per-se que lo anuncia.










Es algo dado, otorgado, como el amor —si se quiere— se da o no se da, como las plantas, según sea el lugar y el momento, lo propicio de los ambientes y los humores. Agreste, y aún, con una suavidad que lo portabiliza, ya sea en un vaso o un lienzo, que seduce los colores de su paleta crecen sin control ni proporción, del tingo al tango, como el clima: se escurre y sedimenta, se anuncia, imponiéndose en su totalidad, como una aparición, y aún, abierta a esos pequeños gestos que lo constituyen permeándose en el de por sí del mundo, sea el ruido de los pájaros dibujado apenas, las vísceras que pesan en tanto sus tránsitos y apariencias, desleídos en tonos que se van doblando hasta desaparecer.














Sus ocres, carmines y violetas van cayendo –como si volaran- en el blanco, tal y como si fuera un abismo, apenas matizado por mínimas sombras que conjuran su levedad para darle un peso que se sigue asumiendo en los matices de un boceto que se impone, que no se sabe resuelto..
















(...) que podría continuarse, en la mística paradójica de ciertos cuentos árabes que nos rescata Borges para ponerlos en pequeñas cajas, como la naturaleza misma, sin finalidad ni propósito aparente, más allá de descripciones y ordenamientos. Siempre lista, siempre dispuesta al descubrimiento.